Cómo no repartir una herencia

Cómo no repartir una herencia

El tener nuestro despacho de abogados en Majadahonda, que no es más que un pueblo, me permite un trato muy directo con los clientes, a algunos de las cuales conozco con cierta intimidad, dado que son mis vecinos, o las personas con las que tomo café o con las que coincido diariamente.

La semana pasada entró en mi despacho un señor, de esos que te dejan pensando varias semanas. Le comenté que era muy recomendable que hiciera testamento.

Confieso que pocas son las personas a las que tras explicarles por qué deben de hacer testamento no lo firman inmediatamente, pero este señor me sorprendió con su historia.

Resulta que había estado en coma, pero uno de esos comas en los que te enteras perfectamente de todo lo que sucede a tu alrededor; y se acordaba que sus hijas delante suya, se pusieron a repartirse la herencia fríamente.

Me comentaba que aquello le angustió y que había decidido no dejar nada a sus hijas (era muy consciente de que le quedaba poco de vida) por lo que había vendido su casa, se había ido a vivir de alquiler, se había comprado un coche y se estaba puliendo literalmente el dinero (ni que decir tiene que saliendo del coma, pero muy enfermo, sus hijas se habían desentendido mucho de él).

Tiempo después tuve a las hijas en mi despacho renunciando a la herencia del señor, el cual (cumpliendo su palabra) había dejado un montón de deudas. Más por caridad que por secreto profesional, no les conté a las hijas la historia verdadera.

El anecdotario que tenemos en Aydesa Abogados en materia de herencias y de testamentos es tan amplio como amplias son las miserias y las grandezas (que también las hay –y por otra parte son las más frecuentes–) del ser humano.

Siempre me ha sorprendido esa actitud de muchos hijos de repartir la herencia de sus padres cuando aún están vivos, y confieso que más que sorpresa, lo que siento instintivamente es asco.

Pero junto a ello, raro es el mes que no viene algún matrimonio intentando repartir los bienes entre sus hijos cuando ellos aún viven, con la mera voluntad de evitar que dichos hijos paguen el temido impuesto de sucesiones y donaciones.

Pretendo en esta entrada, dar a esos bienintencionados padres un consejo: No pueden actuar por tu propia cuenta y riesgo, o confiando en lo que le diga cualquier amigote. Fundamentalmente porque eso no es asumir riesgos, sino actuar temerariamente.

En un asunto de esta envergadura, en el que perdemos todo nuestro patrimonio, cuando además, por razón de la edad dicho patrimonio es nuestra garantía de subsistencia, no puede tomarse a la ligera sin estar debidamente asesorados y sin ponderar las ventajas e inconvenientes. Hay que comprobar es si verdaderamente las normas fiscales hacen o no recomendable este reparto.

Recuerda, lo fundamental es asesorarse y para eso estamos en Aydesa Abogados. Déjanos ayudarte en Majadahonda.

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